Tenía que pensar en algo, pero no soy bueno pensando. Después de todo tampoco sabía por qué yo seguía con vida, es decir, no faltaron oportunidades para que yo desaparezca antes.
Entonces, mientras estábamos sentados los tres tomando mates, comencé a preguntar algunas cosas para aclarar la perspectiva:
—Algo que no entiendo es cómo no impediste que yo nazca —le pregunté al mecánico.
—¿No lo entendés verdad? —me preguntó como si yo fuera el nene más ingenuo del mundo— Nunca naciste en realidad —mi cara de asombro fue de un nene ingenuo—, al menos no en esta realidad que creé. Según estuve observando, por la cámara de seguridad del deposito T-14, en la conversación que mantuviste con... Ella, la calificada —señalándola— te pusiste al tanto de nuestra historia. Sabrás entonces que nunca hubo guerras mundiales, los nazis jamás existieron porque personalmente me encargué de meterle un bala en el culo a Hitler. Y digo, literalmente, así lo maté —escuchar eso me dio cierta alegría—, pero justamente, al matar a Hitler no hubo "Segunda Guerra Mundial", Tus bisabuelos no inmigraron desde Italia, siguieron viviendo allá. Haciendo imposible que tus abuelos nazcan en Argentina y mucho más imposible que nazcan tus padres. Imaginarás que es absurdo esperar tu nacimiento.
—Mierda —dije totalmente asombrado—, tenés toda la razón. Pero entonces: ¿Cómo es que de todas formas me estabas buscando?
—No hace mucho me di cuenta que cuando uno hace un viaje la maquina del tiempo nos inserta un coso en el cerebro perpetuando nuestro conocimiento sobre nuestra realidad. Lo descubrí de casualidad porque fui al medico por un golpe que tuve en la cabeza y había algo que no debía estar ahí. Llegué a esa conclusión un tiempo después cuando leí el manual de la maquina y ahí decidí buscarte, pero extraoficialmente. Porque descubrí además leyendo el manual que quien haya usado la maquina alguna vez viajará de todas formas, estando o no en ella, adonde esta se dirija debido justamente al coso ese en nuestro cerebro. De no estar en la maquina al momento del viaje esa persona queda en trance, seguramente los viajes que hice te mantuvieron durmiendo, despertaste en alguna casa extraña y sin darte cuenta de nada saliste a la calle. Entenderás mi preocupación al tenerte deambulando por la calle, entonces. Por eso muy pocas personas, y solo de confianza, saben que vos existís y que tengo la necesidad de matarte. A ella —y señalándola nuevamente— la traje a la oficina para contarle todo, muy detalladamente. Aceptó informarme cuando llegue el momento y bueno, acá estás.
—Hija de puta, me dijo que te había estado espiando.
—Y caíste, es buena actriz entonces —dijo riendo.
—Algo que no entiendo es cómo sabía la policía que debía capturarme si todo era "extraoficial".
—No son policías, son como "robocop" —respondió—, son Centinelas-Force, robots que patrullan la ciudad en busca de algo extraño. En este sector están todos programados con un archivo tuyo, tienen tu imagen y una ficha con datos en la cual sos el ciudadano T-1404 y estás loco. Entonces la idea era que te traigan hasta acá, que la linda señorita se encargue de vos y te traiga hacia mi, en secreto.
—Mierda —dije agachando la cabeza—, estaban todos los detalles cuidados.
—Así es —dijo riendo.
—No, todos los detalles no... —dijo la recepcionista mientras se paraba apuntándole al mecánico con un revolver— Te equivocaste al dejarme entrar en tu oficina y al pensar que yo iba a colaborar con vos, idiota. Se acabó este mundo de mentiras, explotación y sufrimiento para el beneficio de unos pocos hijos de puta como vos. Me costó, pero al fin pude ingresar a tu oficina y encontrar el momento adecuado para poder matarte. Ahora mismo nadie nos está observando y seguramente anunciaste que nadie te moleste, es el momento perfecto.
Definitivamente no esperaba eso, ya la había sepultado a mi sexy recepcionista. Casi había olvidado que la amaba, lo que lleva a que me pregunte si eso quiere decir que al no haberme entregado al mecánico yo la seguía amando. Es decir, después de todo, lo que hizo que me enojara con ella fue el haberme engañado y conducido a mi muerte.
Nuevamente tenía sentimientos encontrados, no sabía que creer y no sabía si la amaba o no.
Entonces, parada ahí, apuntando y amenazando con un arma al hombre que quería matarme, inclinó la cabeza para mirarme con sus hermosos ojos, conservando una postura terriblemente sensual. Yo solo contemplaba. Ella sonrió y me guiñó un ojo.
Ahí supe que la amaba tanto o más que antes y que todo iba a estar bien.
Entonces, mientras estábamos sentados los tres tomando mates, comencé a preguntar algunas cosas para aclarar la perspectiva:
—Algo que no entiendo es cómo no impediste que yo nazca —le pregunté al mecánico.
—¿No lo entendés verdad? —me preguntó como si yo fuera el nene más ingenuo del mundo— Nunca naciste en realidad —mi cara de asombro fue de un nene ingenuo—, al menos no en esta realidad que creé. Según estuve observando, por la cámara de seguridad del deposito T-14, en la conversación que mantuviste con... Ella, la calificada —señalándola— te pusiste al tanto de nuestra historia. Sabrás entonces que nunca hubo guerras mundiales, los nazis jamás existieron porque personalmente me encargué de meterle un bala en el culo a Hitler. Y digo, literalmente, así lo maté —escuchar eso me dio cierta alegría—, pero justamente, al matar a Hitler no hubo "Segunda Guerra Mundial", Tus bisabuelos no inmigraron desde Italia, siguieron viviendo allá. Haciendo imposible que tus abuelos nazcan en Argentina y mucho más imposible que nazcan tus padres. Imaginarás que es absurdo esperar tu nacimiento.
—Mierda —dije totalmente asombrado—, tenés toda la razón. Pero entonces: ¿Cómo es que de todas formas me estabas buscando?
—No hace mucho me di cuenta que cuando uno hace un viaje la maquina del tiempo nos inserta un coso en el cerebro perpetuando nuestro conocimiento sobre nuestra realidad. Lo descubrí de casualidad porque fui al medico por un golpe que tuve en la cabeza y había algo que no debía estar ahí. Llegué a esa conclusión un tiempo después cuando leí el manual de la maquina y ahí decidí buscarte, pero extraoficialmente. Porque descubrí además leyendo el manual que quien haya usado la maquina alguna vez viajará de todas formas, estando o no en ella, adonde esta se dirija debido justamente al coso ese en nuestro cerebro. De no estar en la maquina al momento del viaje esa persona queda en trance, seguramente los viajes que hice te mantuvieron durmiendo, despertaste en alguna casa extraña y sin darte cuenta de nada saliste a la calle. Entenderás mi preocupación al tenerte deambulando por la calle, entonces. Por eso muy pocas personas, y solo de confianza, saben que vos existís y que tengo la necesidad de matarte. A ella —y señalándola nuevamente— la traje a la oficina para contarle todo, muy detalladamente. Aceptó informarme cuando llegue el momento y bueno, acá estás.
—Hija de puta, me dijo que te había estado espiando.
—Y caíste, es buena actriz entonces —dijo riendo.
—Algo que no entiendo es cómo sabía la policía que debía capturarme si todo era "extraoficial".
—No son policías, son como "robocop" —respondió—, son Centinelas-Force, robots que patrullan la ciudad en busca de algo extraño. En este sector están todos programados con un archivo tuyo, tienen tu imagen y una ficha con datos en la cual sos el ciudadano T-1404 y estás loco. Entonces la idea era que te traigan hasta acá, que la linda señorita se encargue de vos y te traiga hacia mi, en secreto.
—Mierda —dije agachando la cabeza—, estaban todos los detalles cuidados.
—Así es —dijo riendo.
—No, todos los detalles no... —dijo la recepcionista mientras se paraba apuntándole al mecánico con un revolver— Te equivocaste al dejarme entrar en tu oficina y al pensar que yo iba a colaborar con vos, idiota. Se acabó este mundo de mentiras, explotación y sufrimiento para el beneficio de unos pocos hijos de puta como vos. Me costó, pero al fin pude ingresar a tu oficina y encontrar el momento adecuado para poder matarte. Ahora mismo nadie nos está observando y seguramente anunciaste que nadie te moleste, es el momento perfecto.
Definitivamente no esperaba eso, ya la había sepultado a mi sexy recepcionista. Casi había olvidado que la amaba, lo que lleva a que me pregunte si eso quiere decir que al no haberme entregado al mecánico yo la seguía amando. Es decir, después de todo, lo que hizo que me enojara con ella fue el haberme engañado y conducido a mi muerte.
Nuevamente tenía sentimientos encontrados, no sabía que creer y no sabía si la amaba o no.
Entonces, parada ahí, apuntando y amenazando con un arma al hombre que quería matarme, inclinó la cabeza para mirarme con sus hermosos ojos, conservando una postura terriblemente sensual. Yo solo contemplaba. Ella sonrió y me guiñó un ojo.
Ahí supe que la amaba tanto o más que antes y que todo iba a estar bien.
















