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11 noviembre 2011

once/once/onceHoy muchos estuvieron entusiasmados con publicar algo a las 11:11 del 11/11/11. Otros, como yo, a las 11:11 de la noche. El problema es que no todo el mundo maneja el mismo horario y cuando esto se publique (es un post programado) en España, México y gran parte del resto del mundo esto no será una noticia o aun peor, ni siquiera será la hora. El año pasado fue el 10/10/10, este año le tocó al 11 y el que viene al 12.
Lo cierto es que el ser humano tiene una debilidad impresionante por los mal llamados «números redondos», por alguna razón este tipo de fechas lo hacen creer al hombre que el mundo deja de girar de la forma en que lo hace habitualmente, que «los astros» se comportan acorde a nuestro calendario exacto y cuando llega la fecha hacen cosas raras y significativas. Como si todo el universo estuviera regido por un calendario inventado, con un origen ficticio, íntegramente creado por el ser humano en base a ciertas suposiciones imaginarias, dándole un comienzo incierto a una historia que no quería ser contada y que además en algún punto debió reprogramarse debido a sus inexactitudes.
Sin embargo y pese a estas largas razones muy válidas, el hombre sigue creyendo que los números son mágicos, aún cuando son pura lógica. Es como si necesitáramos poner misterio allí donde no lo hay, colocar algo imaginario en algo tan racional y exacto como los números. Perturbar el orden de lo ordenado a la milésima de segundo. Porque si algo queda muy en claro es que la ciencia nos permitió alinearnos al universo y no al revés.

Por eso me causan mucha gracia los «apocaliptas» que predicen el fin del mundo, casi con deseo de que sus predicciones se realicen. Y he aquí lo chistoso e irónico del asunto: Si es el fin del mundo y todos morimos ¡Nadie va a reconocerte jamás como un sabio! Por más que aciertes ninguna persona en el mundo va a poder decirte que tenías razón con tus patéticas predicciones. Esta mala costumbre no va a cesar hasta que le sigan prestando atención a esta gente que por 15 segundos de fama vaticinan el fin del mundo basados en ciertas creencias (la mayoría de base religiosa).
Primer punto importante: No pueden pretender sacar sus cuentas con nuestro calendario. Es sencillamente imposible que tenga algo que ver, que nuestro almanaque provoque catástrofes astronómicas es inaudito bajo todo punto de vista. Por favor, basta con este tema.
Segundo punto de igual importancia: El mundo no es una bomba. No va a explotar de un día para otro, por más pecados y maldades que haga y siga haciendo el ser humano es imposible que cause la destrución en un día determinado. No existe tal cosa como «El fin del mundo». Falacia absoluta.
Que estamos destrozando el planeta en donde vivimos, que devoramos flora y fauna para llevar nuestro estilo de vida, queda más que claro, pero que eso cause un fin repentino es absurdo y más absurdo aún es que una persona piense que puede adivinar cuando eso (que es imposible) va a ocurrir exactamente cuando se dice.

Nada, a seguir viviendo y a divertirse con esta simpática fecha que hoy nos dejó «unos» seguidos, algo inevitable en la sucesión lógica de los números, pero que por algún motivo nos cambia el estado de animo de tal forma que programamos post, tweets, actualizaciones de estados y tantas otras cosas, tan solo para anunciar que son las 11:11 del 11 del 11 del 11.

Por cierto, para que esto se repita faltan 100 años.

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